Las editoriales universitarias y los escritores inéditos. El caso Ediciones UIS

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Por Hugo Armando Arciniegas[1]

 

En Latinoamérica, las editoriales universitarias no solo editan,  imprimen y  difunden libros especializados, como manuales o libros de divulgación científica. En consonancia con editoriales de otros continentes, las editoriales universitarias latinoamericanas consagran parte de su actividad a libros de interés general. En este último grupo, se suelen publicar, entre otros, libros de literatura en sus diversos géneros. Lo anterior parece no ser una novedad, por cuanto constituye en el presente un hecho común y aceptado, al menos en el campo del quehacer editorial ligado a las academias.

Allí está el caso de Libros Unam, órgano editorial de la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México, que cuenta entre sus colecciones, junto con toda suerte de líneas académicas especializadas, con colecciones de literatura, cine, teatro, fotografía y artes visuales. No en vano, desde sus orígenes mismos, que se remontan a los años del llamado Ateneo de la Juventud, esta editorial universitaria les otorgó a las publicaciones literarias –y de arte en general– un lugar de relevancia en el cual se han mantenido hasta el presente[2].

En Colombia, por su parte, las editoriales universitarias no se han sustraído a esta tradición. La Editorial Universidad de Antioquia, por ejemplo, cuenta entre sus colecciones con la Biblioteca Básica para Jóvenes Lectores, que edita obras clásicas de la literatura universal, quizás con el ánimo de que las nuevas generaciones redescubran el valor literario de los clásicos. O el caso de Ediciones Uniandes, que, en asocio con Ediciones UN y Ediciones Eafit, entre otras, edita desde hace un tiempo la colección Relecturas, que se ha ocupado de reeditar obras de literatura colombiana que parecían estar relegadas al olvido. 

Con respecto a este propósito, el editor Jesús Anaya Rosique señala una causa de fondo. Si bien la difusión de la literatura constituye un fin en sí mismo, lo cierto es que también responde al escaso margen de ventas que amenaza la producción de libros especializados. Para contrarrestar esta dificultad, las editoriales universitarias requieren elaborar «un catálogo variado, que combine títulos especializados con series interdisciplinarias y obras de interés general (2010, p. 34)».  Es el caso de novelas, colecciones de cuentos o de poemas[3] que resulten más fáciles de vender, a tal punto que no solo recuperen sus propios gastos de producción, sino que además ayuden a financiar la producción de libros especializados.

 

El caso Ediciones UIS

 

Ediciones UIS, la editorial de la Universidad Industrial de Santander, se ha ocupado no solo de publicar novelas, libros de cuento, de ensayo, de crónica y de poesía de autores que ostentan amplias trayectorias en el ámbito nacional, sino que también les ha tendido la mano a los escritores inéditos –sin descuidar en momento alguno su producción editorial de carácter especializado[4]–. No son pocos los jóvenes escritores santandereanos que han publicado su primer libro con esta editorial. Allí están los casos de Fabián Mauricio Martínez, John F. Galindo y Miguel Castillo, entre otros escritores que hoy cuentan con un reconocimiento en la escena literaria del país.

Recientemente, Ediciones UIS ha lanzado la Convocatoria Primer Libro de Creación Literaria. Dirigida a autores santandereanos o residentes en Santander, esta convocatoria pretende editar y publicar autores que hasta la fecha no han tenido la oportunidad de publicar su primera obra. Para esta primera edición, la Convocatoria se centra en el género de narrativa, con las modalidades de novela, colección de cuentos y colección de crónicas. Al cabo del proceso de evaluación, que estará a cargo de escritores regionales de trayectoria, los libros seleccionados pasarán a integrar la colección Emergentes, que integrará el circuito de promoción y distribución propio de esta editorial universitaria[5].

No bien se han anunciado los primeros ganadores de la convocatoria, cuando ya han surgido, por una parte, elogios con respecto a la vocación de servicio público que subyace en ella y, por otra, algunas críticas con respecto a sus fines, incluso provenientes del interior de la comunidad universitaria de la UIS[6]. Estos últimos la han tachado de desacertada, en la medida en que pretende publicar la primera obra de un joven escritor, y esto resulta por completo inapropiado ante los ojos de los lectores más exigentes, habituados a la lectura de los clásicos o, cuando mucho, a los contemporáneos con un mínimo de reconocimiento. Pero habría que repensar este hecho, examinarlo a la luz de un juicio literario y editorial más integral, para comprobar hasta qué punto una iniciativa como esta constituye o no un acierto.

A propósito, el editor Jaime Salinas[7] confiesa que considera inapropiado publicar las primeras novelas –entiéndase obras literarias de cualquier género– de jóvenes escritores. En su lugar, Salinas prefiere alentarlos, «ayudarlos, incluso económicamente, para que sigan trabajando, escribiendo más» (2013, p. 43). Esto no puede resultar más cierto. Si se lo alienta, incluso económicamente, un joven escritor continuará trabajando, hasta el punto en que escriba una obra sólida, digna de que se la publique. Ahora bien, la afirmación de Salinas encierra también un problema: ¿cuál es la labor del editor con respecto a los jóvenes escritores, cuando no existen tales incentivos económicos en su entorno?

Analicemos, al respecto, el caso de Santander. De manera concreta, el caso de su capital, Bucaramanga. En esta ciudad, existen algunos premios literarios que cuentan ya con un reconocimiento en el país[8]; pero lo cierto es que estos premios no los ganan escritores inéditos. Los ganadores suelen contar ya con varios libros publicados, así como con otros premios. Naturalmente, y a menos que se esté frente a un joven talento excepcional, es muy difícil que un novel escritor gane una competencia en contra de un escritor de trayectoria. Así pues, estos concursos no representan una opción editorial para los escritores inéditos, por más que ofrezcan, como parte de sus premios, la publicación de las obras ganadoras.

Por otra parte, el sector editorial de Bucaramanga no está aún tan fortalecido como para satisfacer la demanda de escritores inéditos. Fuera de algunas editoriales universitarias, como la de la UIS y la de la Santo Tomás, la ciudad cuenta con pocas editoriales independientes o autogestionadas –como SIC Editorial o Ediciones Corazón de Mango–, la mayoría de las cuales, vale la pena señalarlo, se encuentra aún en sus años de formación[9]. En comparación con ciudades como Bogotá o Medellín, Bucaramanga sigue dando sus primeros pasos en materia de edición independiente, de distribución y, sobre todo, de librerías en las cuales situar los libros que se editan en la región[10].

Con un panorama como este, resulta apenas lógico que los escritores inéditos de la región no hallen una verdadera posibilidad editorial, ya que no encuentran quien los “aliente económicamente” –por volver a la frase de Salinas–. De ahí que cobre valor una convocatoria como la de Primer Libro de Creación Literaria, por cuanto representa una oportunidad dirigida exclusivamente a los escritores inéditos. Si bien Ediciones UIS no les ha cerrado nunca la puerta a los nuevos escritores, en la medida en que ninguno de los artículos de su Manual de Ediciones constituye una restricción editorial para ellos, lo cierto es que esta es la primera vez que establece una comunicación directa con los escritores inéditos.

Aunque se lo ofrezca desde los orígenes de una editorial, un producto específico que no se oferte con mecanismos claros de difusión está condenado a pasar desapercibido. Si los escritores y lectores no conocen las ofertas editoriales para publicar o comprar libros, respectivamente, se caerá en un error básico de comunicación editorial (Arriaga y Arredondo, 2010, p. 84). Por ello no basta con que una editorial justifique su desdén hacia los jóvenes escritores amparándose en frases como «aquí nunca les hemos negado la oportunidad de publicar», cuando lo cierto es que se debe hacer pública esta opción, y, de ser posible, mediante una convocatoria independiente de las demás que tengan lugar en la editorial.

Un editor profesional debe «ir a la caza» de los escritores que quiere publicar, como bien lo sugiere la editora Doris Elena Aguirre, y, para ello, «conforma grupos de lectores expertos en los que confía la labor de criba y de “descubrimiento” de autores» (2015, p. 15). Es justamente esto lo que se propone la Convocatoria Primer Libro de Creación Literaria: establecer una comunicación directa con los escritores inéditos, “cazarlos” o “descubrirlos”. Como resultado de esta comunicación, la editorial hallará escritores cuyas obras merezcan ya un trabajo editorial, de acuerdo con el criterio de los expertos asignados para el caso, y la publicación de la obra representará para el ganador un estímulo para seguir escribiendo.

Por otro lado, el hecho de que sea una editorial universitaria la que se adjudique esta responsabilidad responde, por una parte, a la falta de un sector editorial independiente o comercial establecido en la región y, por otra, a la vocación de servicio público que rige el quehacer de una editorial universitaria de carácter público. Es tarea de una editorial universitaria no solo difundir los valores constituidos de la cultura, de la investigación y del arte, sino también apoyar la producción de nuevos exponentes. Es propio de este tipo de editoriales presentarse como una posibilidad de acceso para los escritores de su región, una respuesta ante el vacío que representan para ellos los grandes consorcios editoriales.

Vale la pena señalar que las editoriales universitarias latinoamericanas, o al menos una buena parte de ellas, cuentan hoy con lo necesario para producir libros de literatura bellamente editados y con posibilidades reales de distribución. Desde hace algunas décadas, estas editoriales se preocupan por contar con «editores mejor preparados, mejor diseño», así como con «opciones de uso de las nuevas tecnologías, estrategias de distribución, apertura para visualizar contenidos» (De la Mora, 2016, p. 148). Este es también el caso de Ediciones UIS, una editorial que no habría formulado un proyecto como la colección Emergentes si no contase con un sólido respaldo editorial, de producción y de distribución.

 

Reflexión última

 

Es conveniente que la edición universitaria se plantee retos como la selección, edición, producción y difusión de escritores inéditos, tanto de la región de la que hacen parte como de otras regiones de su país. Siempre que exista una puerta abierta para los jóvenes escritores inéditos se estará estimulando la creación literaria, por cuanto representa la posibilidad de ver materializado un primer trabajo sólido de escritura en una publicación. Un primer libro es una carta de presentación para un joven escritor, un respaldo para su currículum y, sobre todo, un incentivo para su trabajo de escritura. En ocasiones, solo se asegura la pervivencia de la escritura, ejercicio de la soledad, a partir de la edición y de la difusión, acto colectivo.

De acuerdo con lo señalado, cobran valor la Convocatoria Primer Libro de Creación Literaria y la colección Emergentes, de Ediciones UIS, pues constituyen un aporte más a la tradición de la difusión de la literatura en las editoriales universitarias latinoamericanas, con arreglo al breve panorama que delineamos al comienzo de este texto. Habría que esperar los primeros resultados de la convocatoria, editar, producir y distribuir los libros ganadores, a fin de hacer un examen oportuno de cada una de estas fases. Por ahora, baste señalar que el solo hecho de que se haya lanzado esta convocatoria representa, si se tienen en cuenta los aspectos que hemos analizado en este texto, no solo una apuesta, sino un logro editorial por sí mismo.

 


[1] Licenciado en Español y Literatura. Editor, escritor y docente. Universidad Industrial de Santander. Contacto: harcinid@uis.edu.co

[2] Con la fundación del Departamento Editorial de la Secretaría de Educación Pública de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Vasconcelos propuso, en 1921, un programa que comprendía, entre otros, autores como Homero, Platón, Sófocles, Eurípides, Dante, Shakespeare, Cervantes, Calderón, Tolstoi, Shaw, Goethe y Pérez Galdós (2016, Ayala Ochoa, p. 26). Tan pronto como salió a la luz este programa editorial, recibió fuertes críticas por parte de algunos miembros del gobierno de turno, quienes no comprendían cómo la publicación de estos escritores podía primar, en una editorial universitaria, por sobre la publicación de libros de texto. No obstante, Vasconcelos supo defender su programa en el momento justo, y hoy por hoy la literatura continúa siendo un pilar fundamental en la producción editorial de esta universidad.

[3] Los libros de interés general producidos por editoriales universitarias han tenido una expansión acelerada en las últimas décadas. En la actualidad, los libros de interés general representan, por ejemplo, el 20 % de los títulos publicados por la Universidad de California, así como el 5 % y el 10 % de los títulos publicados por Oxford y Cambridge, respectivamente (Anaya, 2010, p. 35). 

[4] Vale la pena mencionar, al respecto del lugar de la literatura en Ediciones UIS, otra de sus colecciones literarias: la colección Biblioteca Comunidad UIS. Conformada por pequeños libros, vendidos a un costo mínimo, de forma que los estudiantes de esta universidad pública los puedan adquirir sin problemas, esta colección agrupa clásicos de la literatura universal que ya pertenecen al dominio público internacional.

[5] Además de ofrecerse siempre en la Tienda Universitaria UIS y en la página web de la editorial, los libros de la colección Emergentes formarán parte del catálogo de Lemoine Editores y Librería de la U. Además, se expondrán para la venta, entre otras, en ferias como Ulibro, FilBo y la Feria del Libro y la Cultura de Medellín, en el ámbito nacional; y posiblemente en la Feria Internacional del Libro Universitario, Filuni, y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, ambas de México.

[6] No se transcriben aquí algunas de las críticas ni de los elogios, puesto que ninguna de las partes ha publicado aún sus apreciaciones por escrito.

[7] Cita tomada de El oficio de editor. Una entrevista con Juan Cruz, obra en la que, por otra parte, Salinas afirma que la verdadera función del editor es una función de responsabilidad social (2013, p. 35). El fin del auténtico editor literario –entiéndase el editor que estima la literatura por sí misma, por encima del enriquecimiento– es poner un libro en las manos de un lector. Y esto implica estimular la producción de los escritores, pues constituyen la fuente sin la cual el editor no podría alcanzar ese fin.

[8] Entre otros, el Concurso de Poesía Tomás Vargas Osorio; las modalidades de literatura en las Becas Bicentenario de la Gobernación de Santander y la Convocatoria de Estímulos “Bucaramanga cree en tu talento”; y los Concursos Nacionales UIS de Libro de Cuentos, de Libro de Poesía, de Novela Universitaria y de Ensayo sobre Arte.

[9] A pesar del esfuerzo de sus editores, editoriales independientes como SIC Editorial o Ediciones Corazón de Mango no han logrado aún posicionarse de manera efectiva en el mercado nacional. Las posibilidades de distribución para las editoriales independientes en Bucaramanga siguen siendo pocas, al punto que muchos de los libros de estas editoriales se comercializan exclusivamente en Bucaramanga, o llegan a otras regiones del país por intervención directa de sus editores, que no por un mecanismo constituido de distribución. Prueba de ello es la Feria del Libro Independiente y Augestionado de Bucaramanga (BucaraFLIA), que lleva apenas tres ediciones celebradas, y que, a pesar de que ya se descubra en ella una proyección a futuro, no ha logrado aún en el presente congregar a un grupo numeroso y sólido de editores, distribuidores y libreros.

[10] Quizás sean tres las librerías con un éxito mediano en la ciudad: Abrapalabra, Profitécnicas y Vaivén. Fuera de estas tres, las llamadas “librerías de viejo” del centro de la ciudad están desde hace algunos años en vía de desaparecer, como permite suponer, entre otros aspectos, el mal estado físico de sus establecimientos.

 

 

Referencias

 

Aguirre D. H. “La edición universitaria: un equilibrio de intereses”. Tendencia editorial. 2015, n.° 8, pp. 14-17. Disponible en https: //editorial.urosario.edu.co/catalogos/boletin_8_web.pdf

Ayaya Rosique J. (2010). Editar en la universidad. Paradojas y retos. UdeA.

Arriaga J. L. y Arredondo M. “Editar no basta o los improbables lectores del libro universitario”. La Colmena. 2013, n.° 80, pp. 77-86. Disponible en http://web.uaemex.mx/plin/colmena/Colmena_80/Aguijon/3_Editar_no_basta.pdf

Ayala Ochoa C. (2016). La cultura editorial universitaria. Unam, UN y Uniandes.

De la Mora S. “Del bulbo al tren bala: edición universitaria”. Quehacer editorial. 2016, n.° 15, pp. 145-166. Disponible en https://issuu.com/zenker/docs/que_hacer_issuuu

Salinas j. (2013). Jaime Salinas. El oficio de editor: Una conversación con Juan Cruz. Alfaguara.